Este fragmento forma parte de una obra de ficción de narrativa contemporánea, actualmente en proceso, cuyo nombre provisional es Proyecto Humo.

Se levantó. Luego extendió la mano hacia mí. ¿Estaba tomándome el pelo? Ni hablar.

―Puedo levantarme sola, gracias.

―No es eso ―dijo―. Venga, rata, ponte a dos patas. Si quieres la verdad, hay que fijar el trato. ―Y luego sentenció, rotundo―: Te doy mi palabra.

Su mano seguía suspendida en el aire, firme y sin ápice de vacilación. La penumbra de los árboles y la luz de la mañana la teñían de un moteado claroscuro. Desconfianza y esperanza se unían en una promesa que no sabía qué traería, pero fuera como fuere, lo cierto es que al menos serían por fin respuestas. Me levanté. Me sentí sucia, una traidora, pero había visto su mano venir; no había sido un imprevisto ante el que no supiera reaccionar.  No, esa vez yo tenía el control. Yo había tomado la decisión.

Y la sellé, a sol y sombra, estrechándola con la mía.

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